“A sangre fría”, de Truman Capote, desde una perspectiva criminológica.

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Las primeras páginas describen el escenario y a las víctimas de un múltiple asesinato que realmente ocurrió en Kansas el 15 de noviembre de 1959, todos ellos miembros la ejemplar familia Clutter (un matrimonio y sus dos hijos menores con los que convivían). Conforme avanza la obra se perfilan las patológicas personalidades de los asesinos, Dick y Perry, y su recorrido por diversos estados norteamericanos, las indagaciones iniciales y la persecución policial, detención e interrogatorio hasta conseguir la confesión con acusaciones cruzadas, el juicio y la ejecución de los asesinos en la horca. Durante unas pocas páginas (203-215) de incertidumbre policial nos encontramos eventualmente con el clásico problema de la delación del cómplice conocido como ” dilema del prisionero ” en el que cada detenido tiene la oportunidad de beneficiarse acusando al otro.

Sin embargo, no hay inteligencia apreciable ni en la defensa de los sospechosos (no consta que pactasen, o que intentaran negociar, la reducción de la condena a cambio de la delación), ni tampoco en ningún aspecto de una confesada matanza de 4 miembros de una familia por “cuarenta o cincuenta dólares“. Lo más difícil de investigar en criminología y criminalística es el absurdo, la acción sin causas ni móviles ni beneficios, lo poco pensado, la perversión, y en este caso, el “asesinato sin motivos aparentes” (pág. 279). En la novela que reconstruye los hechos reales conocidos en la investigación policial y el juicio, la distancia de más de mil de kilómetros recorrida para cometer el crimen es una dificultad adicional que durante varias semanas tuvo sin pistas a los policías investigadores, y aterrada a la población que conocía a la familia Clutter, o a los que se informaron por la prensa, radio o televisión de lo que había ocurrido. La angustia y el terror es comprensible desde las primeras páginas de la obra.

Criminológicamente llama la atención la simbiosis delictiva de Dick y Perry (las relaciones entre cómplices y ejecutores, sus perfiles dominantes y recesivos, y en definitiva, su perversa “respectividad”), y la extraña manera de elegir a sus víctimas por las descripciones de un compañero de prisión de ambos, que se convierte en el único medio para identificar a los asesinos. Ambos despliegan un amplio catálogo de perversiones, no manifiestan conciencia, arrepentimiento, o cualquier emoción remotamente parecida a la ternura. Sin embargo, todos los miembros de la familia asesinadas son entrañables, queridos y respetados por su entorno social, lo que, más allá de cualquier consideración legal, hace más repulsiva aún la desalmada actuación de los asesinos, hasta llegar en ocasiones a lo grotescamente malvado.

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De no haberse publicado y radiado la noticia, nunca hubiera llegado al único testigo (Floyd Wells, que conecta sus recuerdos con los hechos en la pág. 153) de la conspiración que les delata eficazmente, pese a la escasa credibilidad que por lo general merece el testimonio de un presidiario (aunque no queda suficientemente claro si acaba siendo recompensado por tan importante pista, o no, pero sí que el delator pronto salió en libertad y volvió a delinquir).

 

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Como bien dice Truman Capote en la pág. 241, “casos como el de los Clutter, crímenes de semejante magnitud, despiertan el interés de los hombres de leyes en todas partes, en especial los que tienen a su cargo la investigación de crímenes similares todavía sin resolver, porque siempre es posible que al solucionarse un misterio pueda a la vez resolverse otro“. Podemos pensar aquí en el caso de Sonia Carabantes, en Coín, que permitió identificar al también asesino de Rocío Wanninkhof en Mijas. Pero no es menos cierto que de haberse investigado bien el caso de Rocío, en lugar de inculpar injustamente a Dolores Vázquez, se habría detenido antes al asesino Tony Alexander King. Y no podemos olvidar que todavía sigue en “paradero desconocido” Antonio Anglés, asesino de las Niñas de Alcácer.

La narración de Truman Capote imagina recurrentemente los pensamientos de los asesinos, pero transcribe los estudios psiquiátricos forenses del Dr. Jones sobre Dick (pág. 272) y Perry (pág. 274) con detalle suficiente para comprender sus potenciales homicidas con cierto rigor científico, más allá de todas las anécdotas y aventuras de los criminales. Resumidamente, en el caso de Perryl diagnóstico es un grave trastorno de personalidad con muchos síntomas de anormalidad emotiva para Dick (que había tenido lesiones cerebrales en un accidente de tráfico) y en el caso de Perry, la estructura de su personalidad se acerca mucho a una esquizofrenia paranoica. En ambos casos, la socialización era mínima, y han dejado a lo largo de muchas páginas del libro evidencias canallas de múltiples tipos.

“A sangre fría” es una obra que deja profundamente impresionado a cualquiera que tenga una mínima vocación criminológica, y por supuesto, también para cualquier aficionado a la lectura con cierta sensibilidad hacia los hechos reales más trágicos, muy bien narrados por Truman Capote.

Truman Capote, genio en el olvido > elmundolibro – Narrativa Extranjera

MADRID.- Cumpliéndose hoy el veinte aniversario del fallecimiento de Truman
Capote y próximo el 80 de su nacimiento –vino al mundo el 30 de septiembre
de 1924 en Nueva Orleáns- se impone el recuerdo de este gran escritor y
puede decirse que –al menos en lo que al panorama editorial español se
refiere- se cierne sobre él cierto olvido. Ni siquiera sus sonadas
declaraciones –“Soy un alcohólico, soy un drogadicto, soy un homosexual, soy
un genio”- parecen escandalizar ya a nadie. De un tiempo a esta parte,
diríase que cuantos niegan a Capote ese lugar junto a William Faulkner,
Carson McCullers, Eudora Welty y lo más granado de la narrativa del Sur
estadounidense, que el autor de ‘A sangre fría’ (1965) merece sin lugar a
dudas, han ganado la partida.

Bien es cierto que hace algunos años, la editorial Anagrama puso en marcha
una biblioteca en la que se recogía toda la obra de este escritor. Pero al
día de hoy, la presencia de Capote en los suplementos literarios es mínima.
A diferencia de Faulkner, que goza de una merecida cohorte de expertos en su
vida y en su obra, casi nadie habla de Capote. Sabido es que la gloría
literaria sube y baja igual que las mareas.

Condenado al olvido

Es frecuente que, en los años posteriores al fallecimiento de un escritor,
su obra caiga en el olvido. Cuentan que ése fue el caso del mismísimo
Shakespeare. Aún así, el ostracismo al que parece haberse condenado a
Capote –al menos en lo que al panorama español se refiere- resulta más
chocante si recordamos que el novelista viajó mucho por nuestro país. Ni
siquiera el movimiento gay, tan combativo últimamente, parece reivindicarle
como cabría esperar teniendo en cuenta que ‘Otras voces, otros ámbitos’
(1948) fue una de las primeras novelas que plantearon abiertamente el tema
de la homosexualidad.

En cualquier caso, el aniversario presenta una buena oportunidad para
recodar a un autor fundamental en la narrativa y el periodismo
estadounidenses del pasado siglo.

Una infancia difícil

Definido por sus biógrafos como el típico hijo de un hogar de padres
separados, Truman Streckfus Persons –ése era su verdadero nombre- adoptó el
apellido de un segundo marido de su madre. Ya adolescente, firmaba sus
primeros relatos como Truman Capote. Su infancia había transcurrido en las
granjas del mítico sur estadounidense, pero, a diferencia de los otros
grandes autores de aquellos pagos, lo que marcó a Capote de forma indeleble
fue la soledad en que transcurrieron sus primeros días y no las
reminiscencias del pasado aristocrático del escenario.

Según confesión propia, comenzó a escribir para paliar el aislamiento en el
que transcurrió su infancia. Hecha virtud la necesidad, el joven Truman se
emplea como redactor de “New Yorker” con tan sólo 18 años. A los 21 abandona
la redacción y publica un relato –’Miriam’- en la revista ‘Mademoiselle’ que
es distinguido con el Premio O’Henry. La crítica, que le aplaude sin
reservas, le considera un discípulo de Poe y habla de su estilo como “gótico
introspectivo”, definición que al día de hoy se nos antoja harto desatinada.

Buscando a su padre

Su primera novela, la ya citada ‘Otras voces, otros ámbitos’, causa
sensación. Con tintes claramente autobiográficos cuenta en sus páginas la
experiencia de un niño –Joel- que busca a su padre en el profundo Sur para
acabar adoptando como tal a un travestido. Tras pasar el resto de los años
40 viajando por los países ribereños del Mediterráneo, en la década de los
50 Capote reanuda su actividad periodística como entrevistador de la revista
“Playboy”.

Fue entonces cuando comenzó a decirse que hacía de la charla un arte y del
chismorreo literatura. Una de sus novelas más maravillosas, ‘Desayuno en
Tiffany’s’ aparece en 1958. Llevada al cine por Blake Edwards en 1961, el
éxito de la cinta –pese a que al autor no le gustó la adaptación es un
título clásico- no consigue que el escritor vuelva a Hollywood, que había
abandonado algunos años antes indignado, tras haber escrito los diálogos de
‘Estación Termini’ (Vittorio De Sica, 1952) y el guión de La burla del
diablo (John Huston, 1953).

En el cine

El cine, pese a que casi todas sus novelas inspiraron grandes películas, no
era su medio. Éste, a decir verdad, era el periodismo. Un encargo del “New
Yorker” dio lugar a su obra maestra, ‘A sangre fría’. Iniciadora de todo un
género, el de la novela reportaje, en ella, Capote desmenuza y pormenoriza
el brutal asesinato de la familia Clutter, en Holcomb (Kansas). Para el
trabajo, calificado por la crítica como la novela más dura de los años 60,
el escritor se valió de las entrevistas mantenidas con los asesinos hasta el
momento antes de que fueran llevados a la horca.

Los comienzos de la póstuma e inacaba ‘Plegarias atendidas’ datan de
principios de los años 70. En 1975, Capote da a la estampa una última
colección de relatos, ‘Música para camaleones’, en los que corren paralelos
el horror y la belleza.

Sobre “A sangre fría”

Todo empezó en noviembre de 1.959, cuando Truman Capote leyó en el New york Time” la noticia del asesinato de la familia Clutter en un pueblecito de Kansas. Lo que despertó su curiosidad no fue el asesinato en sí de aquellas cuatro personas (el padre, la madre y dos de sus hijos), sino el efecto que hubiesen provocado esos terribles acontecimientos aparentemente inmotivados, en una comunidad tan pequeña y aislada como Holcomb. Desde un principio pensó en escribir una obra acerca de la ciudad y de la familia, sobre como habían vivido, una obra de envergadura y extraordinaria que se traduciría en un relato breve. En ningún momento sabía que se iba a descubrir el misterio y según se fueron desarrollando los acontecimientos, la obra comenzó a tomar otros tintes.

Con la aprobación absoluta de su editor, decidió trasladarse a Kansas para comenzar sus investigaciones, no sin llevarse con él a Nelle Harper Lee que tantísima ayuda le supuso para poder llevar a cabo su proyecto. Cuando llegó a Kansas se encontró con un ambiente ensombrecido por el miedo y la desconfianza. Con la primera persona con la que habló fue con Alvin Dewey que supervisaba la investigación del caso y al que no le causó muy buena impresión al principio (como al resto de los habitantes de Holcomb). Pero no tardó en ganarse la confianza de todo el mundo, su personalidad arrolladora, le convirtió en la atracción de todo el pueblo, “Al principio fue duro. Pero ahora soy casi el alcalde” dijo Truman Capote en una entrevista. Capote no dejó de recibir invitaciones de todos para que los visitara. Nelle y él realizaban entrevistas y averiguaciones durante el día, pero no tomaban notas porque eso ponía nerviosa a la gente, y durante la cena o tomando una copa comparaban sus notas y conseguían rehacerlo.

Pero un acontecimiento muy importante cambió el rumbo de su obra: la detención de los asesinos, Perry y Dick. La obra se encontraba a la mitad cuando ocurrió esto, pero sería inservible, si no pudiera reconstruir la vida de los asesinos tan exacta como la de las víctimas. Las continuas entrevistas con los asesinos, el seguimiento de todo el proceso judicial y la ayuda de, ya su gran amigo, Al Dewin le ayudaron a continuar con ese proyecto tan ambicioso en el que se había convertido “A sangre fría”. Cuando fueron condenados los asesinos (fue determinante la confesión de ambos, que en muy poco diferían y otras pruebas, como las huellas de las botas y el arma del crimen que fue encontrada también), Truman decidió irse a Europa a escribir su libro, ya que la apretada agenda social que tenía que soportar, como escritor de prestigio y dinero, era muy apretada. “La vida social es enemiga del arte” Truman Capote. Durante su estancia en el extranjero, Capote mantenía correspondencia con los asesinos, con Cullivan (un amigo de Perry) y con Al Dewin. Así logró conocer muy a fondo a estos dos condenados a muerte, que se confiaron a él, contándole sus preocupaciones, sus pensamientos, sus sentimientos. Realmente se llegaron a hacer amigos, y sobre todo con Perry con el que Capote se sentía muy identificado. Ambos compartían muchas semejantes: su escasa estatura, los dos habían tenido una madre alcohólica, la ausencia del padre y hogares extraños. Ambos eran ridiculizados de pequeños, Truman por su afeminamiento, y Perry por sus rasgos indios y porque se hacia pipí en la cama. En fin, habían sido criados sin orientación y sin amor. Todo esto había provocado distintos efectos en cada uno, aunque en ningún caso positivos. También el autor se documentó hablando con un psiquiatra, que le ayudaría a desentrañar la psicología de los asesinos. Realmente en su obra consigue caracterizarlos de forma casi exacta, los conocía tan a fondo que se pudo permitir el reproducir situaciones y conversaciones en las que no estuvo.

La obra tardó seis años en ver la luz (1.966) desde que comenzó con las investigaciones, y es que el final de ésta requería que terminara con la ejecución de los autores de los crímenes o con la concesión de una pena menor, y las continuas apelaciones de los condenados alargaron el proceso hasta 1.965, año en el que fueron ejecutados. Las apelaciones le causaron depresión y ansiedad, se le planteaba un dilema moral: quería desesperadamente publicar su libro, pero ello conllevaría la desdichada muerte de dos hombres que le consideraban su amigo y benefactor. En palabras del escritor “los conocía tan bien como me conozco a mí mismo”.

De primera mano tenía Capote la información de las últimas palabras, sentimientos y pensamientos de Dick y Perry, que le pidieron que fuera a verlos antes de la ejecución. Tanto suponía para el autor aquellos dos personajes que no pudo contener las lágrimas tras la ejecución y no sólo eso sino que tras escribir “A sangre fría” toda su vida terminó de derrumbarse. Sus problemas personales se agravaron, y su salud física y mental sufrieron un empeoramiento, del que ya nunca podría recuperarse y que culminó en una fatídica muerte en 1.984.

Su vida había girado durante los últimos años alrededor de esa obra y según él “Escribir el libro no me resultó tan difícil como tener que vivir con él”.

Estilo

Truman consiguió hacer todo lo que se había propuesto. Considerándolo superficialmente, “A sangre fría” es el relato de unos crímenes con suspense y escrito con desbordante vitalidad. Considerándolo más a fondo es lo que siempre quiso que fuera, una Gran Obra (una obra maestra a la que infundió la sombría energía de la tragedia griega).

Utilizando las técnicas que había aprendido como guionista cinematográfico, el autor presenta a los principales protagonistas con breves y dinámicas escenas: los Clutter, insospechadamente abocados a su sino a la sombra de esos dignificados elevadores de grano; y sus asesinos cruzando Kansas, a por ellos. Allí en Holcomb, se halla una América: próspera, segura y un poco pagada de sí misma. Y, tratando de remontar posiciones llanura adelante, encontramos la otra América: pobre, desarraigada y estrafalaria, cuyo único legado es la envidia y la autocompasión, y su único instrumento de trabajo la violencia. Juntos, víctimas y asesinos son como el microcosmos de América: luz y oscuridad; el bien y el mal.

Por lo general los buenos narradores habían desdeñado el reportaje y la mayoría de los reporteros no habían aprendido a escribir buena narrativa, nunca se había llegado, hasta “A sangre fría”, a tal síntesis. Con sus conocimientos literarios y periodísticos, fue el primero en mostrar lo que se podía realizar con un material tan desestimado, insistía en que esta obra fue un nuevo género literario: la nonfiction novel. Con esta expresión quiso decir que la había escrito como si fuese una novela pero, en lugar de sacar los personajes y las situaciones de su imaginación, los había tomado de la vida real. La alambrada de los hechos le imponía no salir de su cerco. Y, sin embargo, dentro de esos límites creía que había mucho más espacio de lo que otros escritores creyeron advertir: libertad para yuxtaponer acontecimientos en busca de efectos escenográficos, para recrear largas conversaciones, incluso para penetrar en la mente de sus personajes y referir lo que piensan.

“A sangre fría” podrá estar escrita como una novela pero refleja la realidad de los hechos hasta el más mínimo detalle. Aunque no lleve notas a pie de página podía remitir a fuentes incuestionables en cada una de sus observaciones y en cada uno de los pensamientos expresados. Incluso hubieron varios reporteros que viajaron a Garden City en busca de errores, aunque si que Truman se había permitido unas cuantas invenciones de muy poco calibre nadie del pueblo nunca se las confirmaron. Ni siquiera la más grande e importante: el final del propio libro. Ese encuentro de Al Dewin con Susan Kindwell (mejor amiga de la chica asesinada) en el cementerio nunca se produjo, pero su amigo Dewin siempre se cuidó de no contradecirle.

En definitiva esta obra maestra de Capote, fue pionera en un nuevo campo: una novela a caballo entre la literatura y el periodismo.

El narrador que podemos encontrar es omnisciente, es un Dios que está en todas partes pero que no se hace visible en ninguna, ni siquiera en las escenas que se suceden en las que el propio autor se encuentra presente, que son varias (cuando a Dewin le telefonean dándole la noticia de que los asesinos habían sido detenidos, en la ejecución, …). Para darle aún más realidad a la novela, se pueden encontrar cientos de citas en las que cada personaje da su punto de vista o relatan en primera persona ciertos momentos o acontecimientos.

En el libro también se pueden encontrar algunos simbolismos, comparaciones que el autor realiza con rasgos físicos o psíquicos de los personajes.

La obra se va desarrollando, se podría decir en dos líneas (historias), rápidamente se va cambiando de una historia a otra, encontrándose el escenario de lo que va sucediendo en el pueblo y las vivencias y viajes de los asesinos.

ARGUMENTO

La obra comienza con la descripción del pueblo en el que se va a cometer un crimen. El autor reconstruye desde el día anterior al trágico suceso, las vidas de las cuatro personas que fueron asesinadas. Ellos eran una familia de granjeros muy respetable en el pueblo: trabajadores, amables, siempre dispuestos a ayudar a todo el mundo, muy religiosos,… Todo el pueblo quedó conmocionado tras la noticia, no existía móvil aparente para este terrible crimen que acabó con la vida de cuatro personas (Hurbert, Bonnie, Nancy y Kenyon Clutter). Todo el país conoció lo sucedido, cientos de reporteros, periodistas,… invadieron el pueblo rompiendo esa tranquilidad que siempre les había rodeado. La policía de Kansas y también de otros estados se dedicaron a la investigación de este caso que por sus características parecía todo un misterio, no tanto por la falta de pruebas como por lo inesperado y absurdo de la masacre. Paralelamente Capote va relatando la vida de los asesinos, como van realizando esos preparativos para ir a Holcomb en busca de una caja fuerte, que ni siquiera habían comprobado que existía. El crimen hubiera sido casi perfecto sino fuera por un preso, que había sido compañero de la penitenciaría de Dick (el cerebro de todo). Este preso es el que le había contado que existía una familia de granjeros muy ricos en Kansas para los que había estado trabajando. A partir de ahí, Dick comenzó a interesarse por como era la casa en detalle, la distribución de las habitaciones, si tenían caja fuerte, cometiendo el error de relatar al otro preso que cuando saliera iba ir a dar un golpe a la granja de los Clutter, llevándose con él a otro preso que había conocido, Perry, por si se daba el caso de que hubieran testigos, eliminarlos. Este preso fue la clave para que la policía pudiera seguirla pista de estos dos personajes, que ya casi con toda seguridad habían sido los autores del crimen. La policía siguió investigando y realizando averiguaciones con la información que ya tenían del preso, de la familia de Dick, de la hermana de Perry, y en colaboración con la policía de otros estados (ya que los asesinos habían estado viajando de un sitio a otro tras el crimen) consiguieron arrestarlos en Las Vegas. Los dos asesinos habían confesado su delito, contando paso a paso como lo habían planeado todo, donde habían escondido algunas pruebas, y como lo habían llevado a cabo: cuando llegaron a la casa, como no habían encontrado la caja fuerte y como después habían ido atando a cada víctima en una habitación y les habían dado un tiro en la cabeza.

Los presos son condenados a la pena capital (entonces en Kansas era la horca) y transcurridos varios años con las consiguientes apelaciones por parte de los presos, alegando que no tuvieron un juicio justo, que los testigos que eran del pueblo e incluso el juez habían sido amigos o habían conocido a la familia, fueron ejecutados.

OPINION

Es inevitable cuando lees esta obra el no quedarte asombrado ante la combinación del uso de las técnicas periodísticas con las literarias.

El autor consigue que el lector conozca y sienta aprecio por los Clutter antes de ser asesinados. Al igual que hace con los asesinos, consigue caracterizarlos tan bien que realmente llegas a conocer como son, te los imaginas físicamente e incluso puedes conocer su reacción ante distintas situaciones. Esta combinación hace que cuando lees el momento del asesinato, realmente llegues a visualizar todo lo que sucedió en esa casa en 1.959. Capote a lo largo de sus investigaciones consigue encontrar detalles, tanto de la familia, como de los asesinos e incluso de la gente del pueblo (muy afectada por lo acontecido), que le hace todo más real al lector.

También es increíble como Truman Capote consigue que sientas incluso pena por los asesinos al final del libro. Los llegas a conocer también (sobre todo a Perry), una infancia dura, complejos, su falta de sentido de los valores,…, llegas a familiarizarte tanto con ellos, que realmente puedes llegar a sentir lástima de esos dos infelices, víctimas de una sociedad injusta, en la que su única forma de vengarse de todos aquellos que les hicieron daño es delinquiendo y asesinando a otros que ni siquiera conocen.

El libro te hace mucho reflexionar sobre el tema de la pena de muerte y las situaciones en las penitenciarías de América, si realmente personajes como Perry y Dick deben ir a la cárcel y ser asesinados o si quizás podría existir otra alternativa para estar personas con “personalidad desordenada”, con problemas sociales tan profundos en los que nunca nadie suele reparar hasta que algo terrible e irremediable sucede.

En definitiva, como dijo Capote “no murieron cuatro personas en aquel crimen; fueron seis”

Varias fuentes:enlaces en el texto del articulo.

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