Las tres niñas de Hilarión Eslava.1924


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Sábado, 24 de mayo de 1924. En una barriada insalubre de las afueras de Madrid, llena de emigrantes pobres, Mariana Escudero, una señora que se ganaba la vida enseñando a los niños a leer y a escribir, fue a ver a su amiga María Guirado. Mariana daba clase a la hija de su amiga, una niña de 10 años llamada María Ortega. En mitad de la conversación, Mariana le dio 75 céntimos a la niña para que fuera a comprarle dos kilos de patatas a “El Progreso”, una tienda de La Moncloa. Era la primera vez que le hacía un encargo. Lo curioso es que Mariana había estado esa misma mañana junto a la tienda y no había comprado nada.

La niña le dijo a Angelita Cuevas, una amiga de 8 años, que la acompañara. Poco después se les unió María del Val, otra amiguita de 7 años. Ángela y María del Val vivían en Hilarión Eslava 71, mientras que María Ortega vivía en el 79. Nadie podría haber imaginado en aquellos momentos que María Ortega Guirado, Angelita Cuevas Guillén y María del Val Paredes desaparecerían para siempre.Dos horas después, las madres de las tres niñas se acercaron a la tienda. Sí, las niñas habían estado allí pero el dependiente no tenía patatas, así que las niñas se fueron por donde habían venido. Después de buscarlas por todas partes, Antonio Guillén -abuelo materno de Angelita- y las tres afligidas madres -María Guirado, Carmen Guillén y Dionisia Paredes- se fueron a la comisaría más cercana a poner una denuncia, a la que en principio no se le hizo mucho caso.

El primer sospechoso fue un tal Matías Escribano y Ortega, un posible pederasta que se paseaba por las calles del barrio ofreciendo dulces a las niñas para que se fueran con él. Una niña de 12 años, María Barreiro, declaró que le había hecho proposiciones deshonestas. Pero no se pudo probar que el hombre hubiera cometido delito alguno y otras líneas de investigación con nuevos sospechosos como protagonistas también quedaron en nada. El jefe superior de policía, Valeriano Del Valle, llegó a declarar de manera muy imprudente que “… todo hace pensar que son víctimas de un rapto en el que es muy posible hubieran tenido intervención los gitanos o la gente maleante de parecida catadura…” Aunque otros diarios, más políticamente correctos, hablaban de “titiriteros” y “húngaros”.La policía registró varias casas del barrio relacionadas con las niñas de una u otra forma. En la de la llamada “Margarita la churrera” se encontraron 3.100 pesetas (una importante cantidad para la época) y una moneda de oro. Acabó declarando que era de su hijo, que en un primer momento dijo no saber nada del asunto, para acabar confesando que eran sus ahorros. Se le devolvió el dinero, y ahí se quedó la cosa…

Se daba el caso de que Enrique Ortega el marido de María Giuirado, estaba preso en la Cárcel Modelo por pederastia, “habiendo atentado contra el pudor” de Pilar, nieta de 11 años de María Alcalde, una señora que tenía un puesto de golosinas, la vecina del bajo que había presentado la denuncia.

Era prácticamente de dominio público la existencia de redes de corrupción de menores, hasta tal punto que se creó una Junta de Represión de la Trata de Blancas. A consecuencia de la huida de dos menores, se detuvo a una individua a quien llamaban la “Cascorra” que se había llevado cuatro menores hasta Alcalá de Henares (de 11, 12, 12 y 16 años), con destino al Barrio Chino de Barcelona. También se investigó a otra mujer relacionada con el tema, una tal Gertrudis Martínez, apodada “La Tula”, que pretendió implicar a un tal “Don Antonio”. Pero la cosa no iba por ahí porque, tal y como se ha repetido infinidad de veces en el tiempo, la desaparición de las niñas no era un mero caso de abusos sexuales o trata de blancas, sino algo mucho más grave.En resumen, todas las investigaciones realizadas quedaron en nada y alrededor del caso se produjeron las reacciones habituales en este tipo de sucesos: miedo generalizado en el barrio, aparición de videntes y brujos por doquier y proliferación de testigos que decían haber visto a las tres niñas en los lugares más dispares. Todo para nada.

Anabel Segura no salió un rato para hacer footing y, casualmente, aparecieron por allí el churrero y el fontanero. Miriam, Toñi y Desirèe no salieron de paseo el 13 de noviembre y justo pasaban por allí Anglés y Ricart. Y, desde luego, María Ortega Guirado, Angelita Cuevas Guillén y María del Val Paredes no fueron a por patatas y casualmente se encontraron con alguien que se las llevó. Hubo premeditación y, por tanto, en el caso de las tres niñas de Hilarión Eslava los principales sospechosos tendrían que haber sido la “maestra” que envió a las niñas a comprar y el tendero que dijo haberlas atendido. Por no hablar de María Guirado, que no puso ninguna objeción a la petición de Mariana Escudero.

Tarde o temprano se tenía que abordar el tema. A primeros de agosto de 1924 se hizo cargo del sumario el juez sustituto Gil Mariscal. María Escudero fue interrogada y detenida el día 6 de agosto y, a continuación, se procedió a interrogar a las vecinas de la “maestra” Escudero, y se descubrió que ésta había intentado que una de sus vecinas, Genoveva González, implicara como sospechosa a la ya citada “Margarita la churrera”. Pilar Elorga, otra vecina, afirmó que Escudero vivía modestamente antes de la desaparición de las niñas, pero que su situación económica había cambiado, y de la noche a la mañana había dado diez mil pesetas para el traspaso de una lechería. Escudero aclaró que lo que pretendía era pedir un préstamo a su amiga Mercedes Morales, catequista, que se encontraba de vacaciones en la localidad cántabra de Puente Viesgo.El 23 de agosto, una semana escasa tras su vuelta a Madrid, Mercedes Morales ingresaba en prisión, en donde permaneció tres días. Sin embargo, Escudero estuvo recluida más de un mes en contra de la ley, ya que no se llegó a dictar acto de procesamiento contra ella. Tras ser puesta en libertad, se estableció en Barcelona con su marido, Salvador Gómez. Por su parte, fue Morales la señalada por la opinión pública, aunque un cáncer de estómago se la llevaría a la tumba el 4 de junio de 1925, dictándose el día 14 el sobreseimiento de la causa. Todas las gestiones para hallar al culpable de la desaparición de las niñas quedaron, como tantas otras veces, en nada. Y el culpable o culpables quedaron impunes.

Pasó el tiempo… En el mes de febrero de 1928 se estaban realizando unas obras a la altura del cruce de las calles Hilarión Eslava y Cea Bermúdez. El jueves día 16 uno de los obreros desenterró una calavera. Posteriormente aparecieron varios huesos más, una bota y algunas monedas. Se avisó a las autoridades.

Las madres, con ciertas dudas, reconocieron los escasos restos de ropa y un capacho como pertenecientes a sus hijas. Pero albergaban ciertas sospechas:

Dionisia Paredes:“… Desde luego me pareció que el trozo de vestido, un trozo muy pequeño, de la parte de un puño, era de tela de Vichy, como el traje que llevaba mi hija. En el trozo de puño aparecía la hembra de un cierre automático, y por este detalle me afirmé en mi creencia. Mi Carmen coincidió conmigo. Con respecto al borceguí no estuvimos las dos de acuerdo. Margarita (sic) llevaba puestas unas botas color avellana, con suela de goma y en muy buen uso, y el borceguí que nos mostró el comisario aparecía muy deteriorado. Me resistí por ello a creer que hubiera pertenecido a mi hija; pero Carmen lo creyó firmemente. El deterioro le parecía natural al cabo de cerca de cuatro años de enterramiento.” “… Tengo el convencimiento de que las chicas viven. Pero si, en efecto, los restos aparecidos fuesen de ellas, creería cualquier cosa menos que murieron allí, porque en aquel lugar no había cueva ninguna donde pudieran meterse, y si la hubiera habido la Policía, que reconoció el terreno palmo a palmo, hubiese advertido el corrimiento de las tierras. Y nada se notó en los primeros días. – ¿Participan de esa opinión las otras dos madres? – Creo que sí. Es más: creo que de esta opinión participa toda la barriada, todos los vecinos
que conocían el terreno.”

“… Yo me juego la vida a que todo eso ha sido preparado para dar el <camelo>.”
María Guirado:

… Además ¿no les parece muy raro que haya desaparecido totalmente la ropa de las tres niñas, que no haya quedado más que un trozo del vestido de María del Val? Me parece que la tierra no ha podido destruir en tan poco tiempo la ropa de mi hija; el vestido era de tela muy fuerte, y llevaba también un refajo de punto gordo.”Y… ¿qué opinaban los residentes en la zona?

Roque García, propietario de una casa situada a unos veinte metros del lugar donde aparecieron los restos de las niñas, declaró lo siguiente:

“- ¿Había alguna cueva en el sitio donde aparecieron los restos? – No, señores. – ¿Está usted seguro? – Completamente. En el trozo comprendido entre las calles de Hilarión Eslava y Andrés Mellado sólo existía una cueva, y se halla situada a una distancia aproximada de 75 a 80 metros del sitio donde han sido hallados los restos. – ¿Cómo entonces, se explica la aparición de restos humanos en ese sitio) – Lo ignoro. Es, desde luego, algo extraño. Adviertan ustedes que los restos estaban en tierra movediza, en tierra de acarreo, no en terreno firme. – Entonces ¿hay que pensar que los restos procedían de otro sitio? – Es la hipótesis más racional, a mi juicio… Recuerdo ahora que en la época en que desaparecieron las niñas se estaba haciendo el vaciado del cementerio de Magallanes. Los escombros procedentes de él eran llevados en volquetes al sitio denominado Quinta de la Esperanza, y la concesión del vertedero se había otorgado al Sr. Cuadrado. Pero a veces los volqueteros, aprovechando algunos momentos de descuido que yo tenía, vertían los escombros antes de llegar a la mencionada quinta, en terrenos que afectaban a mis fincas. Según pude advertir, en el sitio donde han aparecido los restos fueron depositados no pocos escombros. – ¿Pudo ocurrir que estos restos procedieran del cementerio de Magallanes y que quedasen en el lugar donde ahora han sido encontrados ahora, cubiertos de tierra? – Eso es lo que yo creo. – ¿No pudieron ser enterradas las niñas en aquel lugar durante la noche? – Pudiera ser, pero no lo creo. Lo más probable es que al día siguiente la Policía, yo mismo, hubiéramos advertido el removido de la tierra.”

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El juez Felipe Fernández y Fernández de Quirós, encargado del caso, ordenó al Instituto Geológico que realizara una investigación para analizar el terreno en el que habían aparecido los restos, que fue realizada por los geólogos Kindelán y Meseguer. El informe que redactaron cuestionaba la versión oficial, que establecía que las niñas se habían refugiado en una cueva que después se había derrumbado, enterrándolas:“… La tierra que estaba adherida a los restos humanos encontrados en la excavación de la calle Cea Bermúdez y la que de ésta se tomó como muestra tipo es diferente… Del estudio petrográfico se deduce que la muestra número 1, o sea la tierra de la excavación, ofrece como caracteres distintivos la gran cantidad de morteros de construcción (cal y yeso), la presencia del ladrillo, carbonilla…; en cambio, la muestra número 2 (tierra hallada en un cráneo), la tercera (tierra sacada de los alveolos dentarios del maxilar que no tiene dientes visibles) y la cuarta (tierra adherida a un fémur) poseen mayor cantidad de materia orgánica, se halla desprovista de los referidos morteros de yeso y cal, de los trozos de ladrillo y de los pequeños fragmentos de carbón…”

También nombró una comisión técnica de peritos médicos para que estudiaran los restos encontrados. Presidida por el doctor Tomás Maestre, estaba formada por los doctores Antonio Piga, Gómez Ulla, Blas Aznar, Segarra y Pombo. El informe que realizaron fue redactado por el doctor Blas Aznar.

El juez Felipe Fernández y Fernández de Quirós, encargado del caso, ordenó al Instituto Geológico que realizara una investigación para analizar el terreno en el que habían aparecido los restos, que fue realizada por los geólogos Kindelán y Meseguer. El informe que redactaron cuestionaba la versión oficial, que establecía que las niñas se habían refugiado en una cueva que después se había derrumbado, enterrándolas:Informe Médico Legal
Dr. Blas Aznar
27 de marzo de 1928… No es suposición temeraria aceptar como hipótesis de trabajo la de que los tres menores correspondientes a los tres incompletos esqueletos que estudia la Comisión, murieron no de muerte por enfermedad y en distintos tiempos, habiendo sido enterrados en el lugar en que han aparecido sus huesos uno a uno y en diversas épocas sino que fallecieron los tres en la misma hora y de tal modo que no tuvieron asistencia doméstica ni de médico.

Esta hipótesis queda por completo verificada cuando puede afirmares categóricamente, de manera inconcusa, que los tres cuerpecitos de los tres menores se han podrido en el mismo sitio donde sus huesos fueron hallados.

¿Qué pruebas hay que mantengan esta afirmación? Las siguientes incontrovertibles: El terreno en que se encontraron dichos huesos, aparte las impurezas que como vertedero en aquel sitio pueda contener, está formado por las arenas tan conocidas del subsuelo de Madrid, compuestas de una mezcla de trocitos de cuarzo y feldespato y de partículas de mica, mezcla a la que va añadida una pequeña cantidad de arcilla, material petrográfico completamente incoherente entre sí.

En el interior de los cráneos de dos de los esqueletos (en los dos esqueletos de los que se poseen los cráneos casi completos) y en los canales y agujeros de los huesos, se han encontrado un sinfín de cáscaras o pupas de las ninfas que contuvieron los insectos que devoraron las partes blandas de dichos cadáveres. Las cajitas tubulares de las ninfas en cuestión están formadas por cascarones de una sustancia seca, coriácea, quitinosa, como pulimentada y brillante, de color pardo claro, imposible de que en tal estado se adhirieran al cuarzo, al feldespato y a la mica que constituye la arena.

Pues bien, en esta arena hallada dentro de los cráneos y en los agujeros de los huesos, dichas vainas de ninfas íntimamente pegadas a los higroscópicos trozos de feldespato, cuarzo y mica, es decir a los tres elementos pétreos de la composición del terreno, y tan íntimamente unidos a ellos que constituyen bloques compactos en extremo resistentes a la presión y al choque, en los cuales se ven adheridos unos con otros por medio de una especie de mastique pardo oscuro, negro en muchas partes, que se reblandece con el agua en pasta negruzca y jabonosa, el cual no puede ser otra cosa que icor cadavérico, sanguinolento, glutinoso y albuminoideo de la putrefacción, que unió juntamente los elementos extraños en él bañados constituyendo con ellos un mortero duro cuando se secó.Las arenas recogidas del lugar por el Dr. Pombo en el momento de la extracción de los restos óseos fueron también minuciosamente estudiadas, hallándose en ellas los mismos conglomerados hallados dentro de los cráneos y en los huesos, formados por las fundas coriáceas de las ninfas adheridas a la mica, feldespato y cuarzo. El icor cadavérico trasudó de los cuerpos infiltrándose en la capa de arena alrededor. Esta prueba es tan demostrativa, tan clara y tan convincente de que los cadáveres de aquellas menores se pudrieron en el mismo sitio donde aparecieron sus huesos, que no hay manera ni modo, ni forma de destruirla, ni de negarla racionalmente. Ella es la evidencia a plena luz.

También atestiguan de manera indubitable que los cuerpos aquellos se pudrieron en el sitio donde se encontraron los huesos, que en varios de éstos (un cúbito, un húmero, una escápula y algún otro) se han encontrado a ellos adheridos por el mismo mastique cadavérico antes enunciado, pedacitos de tela de la que constituye el traje que vestía el cuerpecito. Lo cual es manifestación convincente de que los muertos aquellos estaban vestidos cuando se desarrolló en ellos la putrefacción. Igualmente testimonia que dichos cadáveres se pudrieron allí en el propio sitio en que aparecieron sus huesos, una costilla de ellos que presenta en la cara externa, entre el ángulo posterior y la tuberosidad, una mancha de óxido de cobre. Con los huesos y objetos que se remitieron por el Juzgado al Laboratorio de Medicina Legal, enviáronse cinco monedas de a diez céntimos y cinco de cinco céntimos, todas ellas cubiertas de cardenillo. Pero una de las piezas de a 10 céntimos presenta en una de sus caras una huella limpia de óxido de cobre sobre la que se ajusta admirablemente la parte manchada de cardenillo de la costilla antes dicha. Lo cual demuestra que durante la putrefacción y destrucción de las ropas y partes blandas del cadáver a que correspondía la costilla, el cuerpo estuvo gravitando sobre la moneda, y cuando desaparecieron todos los tejidos y quedaron desnudos los huesos, a la costilla en cuestión le tocó yacer sobre la moneda que tenía debajo, de la cual tomó el cardenillo que la mancha, dejando a la moneda con aquella huella limpia de óxido.Es indudable pues, que los cuerpos de los tres menores (dos de los cuales la Comisión ha declarado que por los signos esqueléticos permiten considerarlos del sexo femenino), se pudrieron en el mismo sitio donde fueron encontrados sus huesos.

La Comisión, puesto que los tres esqueletos se encuentran en el mismo estado, tiene forzosamente que partir de que la data de la muerte empieza para aquellos tres cuerpos en la misma hora. La Comisión ha determinado que la data de la muerte es la misma para los tres cuerpos.Cita la Fórmula de Casper sobre la marcha comparada de la putrefacción en el aire, en el agua y en la tierra: una semana de putrefacción en el aire equivale, a temperatura igual, a dos semanas en el agua y a ocho en la tierra, fórmula que aunque no sea matemática expresa en términos generales la mayor rapidez de putrefacción en el aire, y la menor rapidez en la tierra en igualdad de circunstancias.

ORFILA anteriormente había observado la marcha comparada de la putrefacción, deduciendo que es en el aire libre donde se opera con mayor rapidez, que en un estercolero evoluciona más aprisa que en el agua, las letrinas y la tierra; y en tercer lugar viene la putrefacción en el agua, en cuarto lugar en las letrinas y por fin en la tierra, medio el más desfavorable de todos para la descomposición cadavérica. Un cadáver desnudo en la tierra se descompone más pronto que otro preservado por un ataúd, los vestidos o las mezclas antisépticas. Por otra parte se sabe que durante el verano los cadáveres entran en putrefacción con gran rapidez y que por el contrario, se conservan intactos durante largo tiempo en invierno.

Señala la Comisión que no se olvide que en estos juicios de apreciación de la data de la muerte, no se puede llegar a la exactitud matemática. Con conseguir la aproximación más cercana de la posibilidad, se habrá hecho todo lo que la medicina legal puede conseguir dadas las enormes dificultades del caso.Así, los primeros factores que actúan en la putrefacción cadavérica son los gérmenes patógenos, aerobios, encargados de limpiar de oxígeno la sangre y los tejidos para que los anaerobios, los verdaderos microbios de la putrefacción, puedan empezar y terminar su obra. La iniciación del período aerobio de la putrefacción o sea el primer período, debió iniciarse en la primavera o en la entrada del verano.

En el primer período de la putrefacción, los microbios aerobios, proteolíticos y peptolíticos, produjeron primero la neutralización del medio interno cadavérico, después su alcalinización, la desoxidación de la sangre y de los tejidos, preparando el terreno para la aparición y desarrollo de los anaerobios, los verdaderos microbios de la putrefacción:

Bacillus putrificans coli. de Bienstock, el B. perfringens de Fraenkel, el B. bifermentans sporogenes, el B. gracilis putridus, el Diplococcus magnus, el Vibriónseptico señalado por Pasteur en 1877. Toda esta flora microbiana producirá con sus fermentos en la materia orgánica las tres grandes fases de la putrefacción: la fermentación butírica, la fermentación caseica y la fermentación amoniacal, que en verano y a dos o tres meses de la muerte marca el momento en que la Ophira cadaverina llegó atraída por el olor que a través de las arenas despedirían los cuerpos en putrefacción. Este díptero tiene un olfato extraordinario.

Es sabido según los estudios realizados por BARTHAZARD que cuando existen restos de dípteros se deduce que la muerte ha ocurrido durante la estación calurosa (marzo a noviembre) y si no existen restos de dípteros, se deduce que la muerte ha ocurrido en invierno, de noviembre a marzo.La Comisión tuvo sus dudas en la clasificación del díptero cuyas pupas fueron halladas. La Calliphora Vomitoria, la gran mosca azul de la carne, de la primera legión de los trabajadores de la muerte y la Ophira Cadaverina son ambas de color azulado brillante, variando sólo en el tamaño del insecto y en la longitud de sus ninfas o pupas (10mm. las de Calliphora y 5 mm. las de Ophira).

La Ophira Cadaverina pone sus huevos en el suelo en las cercanías de los cadáveres en putrefacción. El calor solar abre dichos huevos y las larvas voraces nacidas de ellos, atraídas por las emanaciones pútridas, profundizan en la tierra hasta 2 y más metros llegando al cadáver que constituye para ellas un permanente festínª.

Los huesos fueron sometidos por la Comisión a algunas pruebas químicas para determinar la existencia de ácidos grasos. La prueba de BÜRGER consiste en introducir el hueso en una solución de sulfato de cobre. Si el hueso contiene ácidos grasos, al cabo de cierto tiempo toma un color verde muy característico. Esta reacción basada en la descomposición cadavérica de la grasa en glicerina y ácidos grasos, resultó positiva en los distintos huesos que se emplearon de los encontrados en los desmontes de la calle de Cea Bermúdez.

Se sometieron también a la prueba del ácido ósmico. Si se introduce un hueso en éter y se le deja en él varias horas y se trata después este éter con unas gotas de ácido ósmico al 1% el agua de la solución de ácido ósmico que va al fondo del tubo de ensayo, se oscurece hasta volverse más o menos negra, según la cantidad de grasa que del hueso haya disuelto el éter. La reacción resultó muy demostrativa en varios de los huesos estudiados, demostrando que estos huesos estaban relativamente cerca de la fecha de la muerte.

Una tercera prueba a que fueron sometidos los huesos fue la del osteodiagnóstico de Tirelli, quien comprobó en 1912 estudiando la putrefacción del tejido óseo, que los huesos se modifican de tal suerte que el tiempo necesario para descalcificarlos por los métodos usados en histología disminuye a medida que la muerte remonta a fecha larga.Utilizando huesos viejos como testigo, se compararon con los estudiados. Introduciendo fragmentos de ambos en varias soluciones clorhídricas, se notó que los huesos viejos se decalcificaron antes que los huesos de la investigación…

… Teniendo en cuenta la inducción que se puede hacer de cómo fueron la putrefacción de los tres cadáveres de los párvulos, dadas las circunstancias del medio en que se desarrolló, teniendo en cuenta la acción destructora sobre dichos cadáveres de la Ophira Cadaverina y la hora de la putrefacción en que ésta debió llegar, así como las dos generaciones de insectos a que por lo menos tuvo que dar origen en su ataque a los muertos, y teniendo en cuenta el valor de las reacciones que para el fin propuesto se han realizado sobre los huesos, es lo más verosímil que la “data de la muerte”, esté entre los tres y los seis años.

Madrid, 27 de marzo de 1928. LA COMISIÓN.

ambién seis forenses, como en el caso Alcàsser. Y las mismas conclusiones: las tres niñas murieron en el mismo sitio en el que fueron encontradas y al mismo tiempo. Y esa fue la versión oficial, a pesar de las conclusiones obtenidas en el informe geológico.Y la cuenta sigue y sigue… No se hizo justicia, una vez más. No se tomaron medidas para que lo sucedido no se repitiera nunca más… y seguimos igual.

Sólo nos queda, como siempre, recordar a las tres pobres niñitas y esperar que aparezca alguien que cambie las cosas. Cuanto antes.

“El Correo Extremeño” de 24 de febrero de 1928:

“El doctor Piga ha dicho sobre el estudio de los huesos hallados en la calle de Cea Bermúdez, que “ni estos hablarán””.El artículo recoge la siguiente declaración del doctor Piga, miembro de la comisión de peritos médicos, a los periodistas:

“No se molesten ustedes, no tendrán declaración alguna como tampoco de mis compañeros, pues si bien es cierto que ayer dije que los huesos hablarían, hoy digo que los huesos no hablarán.”

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