Nora Ayala Ponce

 

“La vida nocturna de esas infelices, está de continuo llena de sobresaltos y peligros, pues cuando no las incomoda el vicio con sus más hediondas formas, las persigue la sociedad, que tiene más cuidado en sacar provecho de los seres que viven fuera del mundo de la moral, que en redimirlos de tan degradante esclavitud”

Blasco Ibáñez

 

Muchas gracias N.Nozick.

 

Francisco Javier Ayala, de 50 años y Teresa Ponce, de 48, se conocieron muy jóvenes en El Puerto de Santa María, en Cádiz. Después de una larga relación quisieron tener un hijo. Tardaron seis años en conseguirlo, pero al final -en 1995- tuvieron a Nora.
Ahora viven en Palma de Mallorca. Paco es encargado de mantenimiento en un hotel de s’Arenal, y Teresa trabaja de noche como croupier en el Casino de Palma de Mallorca.

Nora era un tanto rebelde y mala estudiante. Había repetido primero y tercero de la ESO, y después de Semana Santa había dejado de acudir al instituto, llegando a falsificar las notas. Su madre sospechaba que algo iba mal y temía que su hija estuviera fumando porros. Nora y sus padres acudieron a los servicios sociales del Ayuntamiento de Palma en busca de apoyo el 26 de julio de 2011. No sirvió de nada.

La madre, preocupada, empezó a controlar el correo electrónico de Nora. Pero Nora se dio cuenta: amenazó a su madre con irse de casa y comenzó a recurrir a ciertos trucos en sus mensajes de correo, cambiando los nombres de las personas o de las drogas por otros irreconocibles.

A uno de los contactos le llamaban Eric, pero su nombre real es Edison Cornelio Flores, un ecuatoriano de 35 años que se empezó ganando la vida en Palma de Mallorca haciendo de cundero para los toxicómanos, aunque cuando conoció a Nora estaba intentando establecerse por su cuenta. Está casado y tiene siete hijos con diferentes mujeres.

Los cunderos son los conductores de los “taxis” de la droga, que llevan a los toxicómanos a los poblados chabolistas (en Palma, a Son Banya), a comprar droga. Es muy arriesgado, porque los yonquis pueden atracarte, robarte o morirse en tu coche. Así que “Eric”, empezó también a vender por su cuenta cocaína a algunos de esos drogadictos.

¿Cómo termina un camello de mala muerte relacionándose con niñas de un instituto?

El cibercafé Otta Cyber Multiservicio Y Locutorios está en la calle Pascual Ribot 35 de Palma de Mallorca. Uno de los dueños es Calistus Okwy Ezenwa, que es también uno de los clientes de la red de prostitución de menores. El otro dueño se llama John Chudi Michael. La plantilla la completa Cristina Rubi Garrido, aunque parece que el negocio ha cambiado de manos y ahora se llama “Keita-Cyber Locutorio”.

Al lado del cyber hay un pequeño parque, Son Cotoner, al que solía acudir Eva María Vera García, una mujer de 33 años madre de una niña de cinco, con la que iba al parque. Además se prostituía con algunos hombres de la zona. Increíblemente, Eva resulta ser la prima de un tal Miguel, un chico que le gusta a Hanna, una amiga de Nora. Se hacen amigas. Y, además, Eva y “Eric” vivían en la calle Antoni María Alcover, cerca del parque.

Los clientes de Nora, que ven que hace amistades con chicas jóvenes, le piden, así consta en un mensaje, “niñas para follar”. Eva acepta y presenta a Nora a “Eric”. Nora, Paloma, Xisca, Sara… todas terminan entrando en el mundo de la cocaína y la prostitución. Primero con Eric, después con otros, dominicanos, nigerianos, incluso con un jubilado de 63 años. El tal “Eric”, Edison Cornelio Flores, llegó a agredir a Nora en tres ocasiones.

El 25 de septiembre de 2011, sobre las 23:40 horas, Paco se encontró a su hija Nora sin vida a la puerta de su casa, en la calle Juan Gris 59, con la barbilla abiertadespués de haber sufrido una brutal agresión y con una sobredosis letal de cocaína y heroína. Sólo tenía 16 años. Había sufrido un trombosis pulmonar.
Llevaba encima 50 euros, pero su padre sólo le había dado 3 cuando salió esa tarde. Eso les extrañó.
Comenzaron a examinar sus objetos personales. Encontraron una serie de regalos caros: un iphone, un ipad y cámaras de fotos. Los tenía escondidos para no despertar sospechas de su doble vida. También aparecieron mensajes y llamadas extrañas que llevaron a destapar el calvario de drogas, prostitución y abusos a las que había sido sometida en los últimos seis meses. La pista llevaba a un parque cercano: Son Cotoner.

Paco y Teresa lo comunicaron a la Policía: “…Les dimos a los investigadores los mensajes. Fuimos nosotros los que llevamos a la Policía hacia lo oscuro…”. “… La desgracia de mi hija logró, al menos, sacar del infierno a otras niñas…” “… Ojalá hubiera sido consciente de lo que pasaba… No notamos nada.”
En el programa “Espejo Público” de Antena 3, Teresa -la madre de Nora- declaró:
“… En un principio pensaron que todo era un accidente y, cuanto nosotros fuimos a la policía, con el ordenador, con todas las pruebas que habíamos conseguido, no nos quisieron creer y nos mandaron para casita. Al cabo de los cuatro meses, cuando otra de las víctimas pone una denuncia, que esto es finales de enero, es cuando nos piden el ordenador y todos los datos…”
Mientras que el padre, Paco, aclaraba:
“… Bueno, en verdad la mandaron para casa, cuando fue con esa cantidad de pruebas, que era un aluvión de pruebas, realmente les dijeron, a ella y a mi sobrina,’que no se hicieran pajas mentales’, que no saquen nada de dónde no hay y volveros para casita.’ También les quiero decir a estos que gracias a esas pajas mentales hay doce delincuentes peligrosos, doce depravados encerrados, gracias a eso.”
No fue hasta mayo de 2012 que la Policía, en la llamada “Operación Nancy”, desarticuló la red de delincuentes que drogaba, extorsionaba y prostituía a cinco chicas, una de ellas -Sara, de 19 años- afectada por una discapacidad psíquica del 46%, con lo que su edad mental era mucho menor que la cronológica.
El juicio comenzó el 25 de noviembre de 2013. Había un total de 12 acusados, para los que se pidió una pena conjunta de 155 años de cárcel, acusados de ocho delitos contra la salud pública, tres de inducción a la prostitución de menores, otro de inducción a una persona incapaz, uno de corrupción de menores y tres de tercería locativa (explotación de locales para el ejercicio de la prostitución). Las penas que se solicitaron oscilaban entre los cinco y los veintiséis años de prisión.

Según la acusación, durante la tarde del 25 de septiembre de 2011, Nora había estado consumiendo cocaína con dos de los acusados, “sin que pueda acreditarse quién de ellos o tercera persona le suministró la sustancia estupefaciente que finalmente la mató”.

En el resto de afectadas, “Los acontecimientos supusieron una vivencia traumática para ellas y han generado un perjuicio evidente para su equilibrio emocional que hace aconsejable tratamiento psicoterapéutico,”

Los padres de Nora, representados por el abogado José Miguel García, piden justicia y que estas personas no se gocen de beneficios penitenciarios. “Esperamos que les caiga lo máximo que se les pueda caer. Que sufran la mayor pena que puedan tener”.

Tras la sentencia, Paco quiere iniciar otro procedimiento contra la persona que dejó abandonado el cuerpo de su hija a unos metros de su casa. “Quiero que se siente en el banquillo por homicidio y omisión del deber de socorro. No vamos a parar hasta conseguirlo.” “Aquí no solo hay turismo y visitantes extranjeros. También ocurren desgracias que se tapan.” “Si Nora no se llega a morir no se llega a descubrir a esta red de pederastas.”

También quiere ayudar a colectivos de víctimas potenciales de trata de blancas. Paco prepara un blog y quiere informar sobre la vulnerabilidad de los menores ante las redes criminales. “Se lo merece todo Nora y por esto voy a luchar”.
El padre trabaja de día, la madre trabaja de noche, la hija no puede contar con sus padres en la dificilísima etapa de la adolescencia, porque la sociedad separa a las familias, mientras que los centros educativos no controlan a los niños que se les confían y las fuerzas de orden público no los protegen de los delincuentes…

Que vayas a denunciarlo y te manden para casa… Luego, cuando algún padre, llevado por la rabia y la impotencia, califica a los responsables como se merecen, entonces todos ellos se acuerdan de lo valioso que es su honor, pero no responden por su incompetencia ni su irresponsabilidad. Algunos hasta tienen la desvergüenza de interponer querellas.

¿Cuántas Noras están pasando un infierno parecido?

Esta basura de sociedad donde las niñas de quince años, con un entorno familiar estable y sin problemas económicos, no encuentran más aliciente en la vida que drogarse y prostituirse, es una sociedad acabada, sin presente y sin futuro. Sin principios, sin ética, sin esperanza… ¿Cómo se arregla todo esto?

—OOO—
El 18 de febrero de 2014, la prensa publicaba la sentencia. Siete miembros de la trama fueron condenados a un total de 59 años de cárcel. Diecisiete años y seis mesesde cárcel para Edison Cornelio Flores y quince años y seis meses para Eva María Vera García, cuando las penas solicitadas eran de 25 y 29 años, respectivamente. También deberán indemnizar a la familia de Nora con 50.000 euros por daños morales.

Incomprensiblemente, cuatro de los acusados fueron absueltos, a pesar de reconocer que habían mantenido sexo con menores, de modo que la familia de Nora va a recurrir al Tribunal Supremo.

El 29 de diciembre de 2014, el Tribunal Supremo confirmó las penas impuestas por la Audiencia, señalando que “la intervención de las comunicaciones telemáticas carece de regulación legal expresa en nuestro ordenamiento procesal penal, laguna que es preciso subsanar con la máxima urgencia“. No obstante, basándose en la jurisprudencia al respecto, se concluyó que las copias de los mensajes telefónicos recibidos y enviados por la menor equivalían a su correspondencia privada. Por lo tanto, “… Están obviamente amparados por su derecho constitucional a la intimidad pero una vez fallecida no son inmunes al acceso por parte de sus herederos legítimos“, en este caso sus padres. Por lo tanto, los sms aportados en el juicio como primeros indicios incriminatorios no constituían pruebas contaminadas.

Nora recibió un gramo de cocaína en el último día de su vida, a cambio de mantener relaciones sexuales con Edison Cornelio Flores. Después tuvo una reacción que le provocó una trombosis pulmonar. Su corta vida de adolescente finalizó a los dieciséis años, cuando apenas empezaba. Tuvo la desgracia de cruzarse con una trama de criminales en esa edad tan difícil de atravesar sin ayuda, y tomó el camino equivocado. Pero la sociedad le falló, porque debía haberse preocupado de protegerla. A ella y a todos los demás niños y adolescentes, que son nuestro futuro.

Le pregunté a N. Nozick si me dejaría hacer vídeos de sus artículos. No obtuve respuesta.
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Ahora comprendo esto.
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