Sobre la Secta de Luis Carlos Campos Y el Libertinaje Obligatorio


Estoy leyendo a Plutarco y el Alejandro Magno que aquí aparece no tiene nada que ver con la película, ni con otros libros que han sido escritos más tardes: ni era un crápula, pues hablaba más que bebía, ni era esclavo de su concupiscencia. Querido lector, se lo pediré de rodillas si es necesario, no desperdicie su tiempo mirando películas “históricas”, lea Historia y no se acomode en el sofá para ver pajas mentales de otros. Ayer hice dos vídeos que no tienen nada que ver con la Historia Antigua pero como reza el dicho Quod una hora accipere non potes aliis horis accipere poteris vamos, que lo que no puedas hacer en una hora lo harás en otras. En uno me dedico a animar al youtuber Wismichu que hablase sobre los secuestros, abusos y asesinatos de menores por parte del estamento social más alto, que, como aceite sobre agua, está por encima de la ley, impunes a las férreas leyes a las que ellos mismos nos someten, sin contar con nosotros como bien sabes querido lector. Altissima quaque flumina minimo labuntur sono o para que se me entienda “Los más profundos ríos fluyen con mínimo rumor”.

 

 

 

En el otro hablo de Luis Carlos Campos o Luisca El Petulante y Megalómano Pesetero. Mucha gente tiene a este sujeto como a un profeta, una especie de mesías que se dedica a gallear motejando al que no comparte su opinión, o verdades adulteradas y desprestigiar al que le conviene. Lo de sus profecías tiene fácil explicación: o es masón o tiene un contacto dentro de una de estas logias filantrópicas. Anunció con antelación el último atentado en París y esto es, así de simple, porque esta gentuza sigue una agenda en la que realizan masacres para que sus esclavos, nosotros, tengamos miedo, desconfianza y terror en este mundo inestable, plagado de inseguridad y mentes débiles. Y siempre, estos “actos terroristas” coinciden en que son el mismo día del mes u otro número cabalístico esotérico.

 

 

Un mes antes de que esta chusma asesinase a gente inocente un servidor ya sabía que esto iba a suceder. Como se dice el pecado pero no el pecador nombraré a este cercano ser como Pajarito que si hablasen y tuviesen humanidad el resto de Pajaritos se podrían evitar sufrimientos sobre “daños colaterales”. Un conocido suyo tiene una pareja, en el que un familiar está integrado en una de estas logias, sino es una, en un alto grado. Tan fácil como realizar una llamada y avisar a sus allegados para prevenirles sobre algo que está programado para seguir con el genocidio humano en otras zonas “subdesarrolladas”. Los tercermundistas vivimos aquí, en las zonas sin apenas recursos naturales comparándonos con el Hemisferio Sur que son ricos en materias primas. Y esto, querido lector, es llamado democracia: el pueblo vota a asesinos títeres y los de arriba hacen lo que quieren con sus súbditos. Esto es feudalismo y, si ya a ha leído algo relacionado con el Caso Alcásser, comprobará que el Derecho de Pernada sigue en vigencia. Una democracia que tiene que permanecer, inmóvil, delante del televisor para, de ese modo, enterarse de un imprevisto“atentado terrorista” consumado e inevitable porque TODOS podemos ser esos desalmados terroristas. Una vergüenza oiga. Murieron tres mil personas, víctimas por acudir a trabajar, el once de septiembre de dos mil uno y no fueron ni los talibanes, ni los moros ni nadie con turbante. El once de marzo fue más de lo mismo.

 

 

Y mientras, oportunistas como Luisca se lucran “concienciando” a ovejas desencantadas con las religiones y necesitadas de un pastor que les entienda y aconseje. Querido lector, no se apoltrone, no se hunda en la basura: lea, coma bien evitando alimentos que acidifican la sangre, haga algo de ejercicio y piérdase, de vez en cuando, por la periferia si vive en una ciudad, salga y camine lejos, respire otro aire y, si pierde su tiempo con los telediarios, no crea a pies juntillas todo el puré de noticias y documentales que va a escuchar usted, el vecino y, en general, todo aquel que tenga una televisión en casa (que ahora la gente tiene más de una) pues el falaz mensaje es para todos:

El sumiso y desnaturalizado proletariado que piensa que la libertad es elegir el sexo del individuo al que metes en tu cama y que la tolerancia es aceptar la decadencia, e inaceptable que hoy día uno opine que la homosexualidad es una enfermedad mental (hasta no hace mucho así era catalogada pero ahora es un derecho), solo por dejarse arrastrar por lo que otros quieren que pensemos. Así de sencillo. Muchas gracias por tomarte tu tiempo en leer esto, ilustre lector y aquí me despido, dejándote algunos datos sobre Alfred C. Kinsey por si el lector defendiese a ultranza su derecho a realizar actos poco loables, para que vea, en qué se fundamenta. Esto es como el Dr Money que le quitó el pene a un niño para ponerle vagina y que terminó suicidándose. Un panorama desolador, hasta otra, un servidor.

 

 

 

No hay nada que objetar en afirmar que todos los seres humanos son seres sexuados desde el nacimiento. Sin embargo, esto no es lo que lo que quieren decir los que proponen actualmente la “educación” sexual en las escuelas. Lo que ellos quieren decir con dicha afirmación es que los niños tienen “derecho” a tener relaciones sexuales e, inclusive, que estas relaciones, aún con adultos, son “beneficiosas” para ellos.

Los modernos “educadores sexuales” utilizan frases como éstas para encubrir sus verdaderas intenciones: la de incitar a la juventud a las relaciones sexuales fuera del matrimonio y aún a relaciones sexuales contra la naturaleza (como por ejemplo, el homosexualismo).

Dicho sea de paso, todos los seres humanos son seres sexuados (en el sentido que hemos explicado y no en el sentido en que lo entienden los proponentes de la nueva ideología sexual), desde la concepción (que es cuando comienza la vida del ser humano), y no simplemente desde el nacimiento, como erróneamente enseñan los que abogan por dicha ideología.

Muchos se llenarán de asombro y preocupación, al comprobar que lo que ha servido como base para los programas de “educación” sexual en las escuelas públicas (y hasta en muchas escuelas católicas), tuvo sus raíces en experimentos científicos fraudulentos y depravados, y en actividades inmorales y hasta crueles por parte de los investigadores.

Les sorprenderá saber que el primero de estos “investigadores” fue Alfred C. Kinsey, seguido por sus colaboradores y colegas, Wardell B. Pomeroy, Clyde E. Martin y Paul Gebhard. Sin lugar a dudas, sus investigaciones y estudios moldearon las actitudes y creencias en lo que concierne a la sexualidad humana, y pasaron a formar parte de los actuales programas de “educación” sexual, no sólo en los países “desarrollados”, sino también en los del tercer mundo.

¿Qué credenciales tenía Kinsey para establecer pautas con respecto a la sexualidad humana?

Hace 50 años Kinsey era un famoso experto en taxonomía (clasificación de plantas y animales según su relación natural), en la Universidad de Indiana en los EE.UU. Después fue coordinador de los nuevos cursos sobre el matrimonio, establecidos en dicha universidad, y se dedicaba a “aconsejar” a los estudiantes sobre temas sexuales. Así comenzó a recopilar documentación y acabó por cambiar los conceptos de lo que la sociedad consideraba normal en cuanto a las prácticas sexuales, a pesar de que tenía un conocimiento mínimo de la sexualidad o de la psicología.

Kinsey consideraba las relaciones sexuales entre animales, un “modelo” para el comportamiento sexual humano. La única diferencia que veía era que los animales actúan sin inhibiciones, sólo por instinto. Sin embargo, la sociedad les impone ciertas normas a los seres humanos que, según Kinsey, injustamente inhiben y hasta prohiben el “comportamiento sexual natural.” Según el Informe Kinsey sobre los Hombres (publicado en 1948), “el llevar a cabo todo tipo de actividad sexual es liberarse del condicionamiento cultural que la sociedad impone, y que lleva a hacer distinciones entre lo que está bien o mal, lo que es lícito o ilícito, normal o anormal, aceptable o inaceptable en nuestra sociedad”2.

Kinsey no tomaba en cuenta que las normas morales sobre la sexualidad se fundan en la naturaleza humana, es decir, en aquello que conduce al ser humano a su verdadero bien, algo que una reflexión serena y objetiva puede descubrir. Por lo tanto, la moral en materia de sexualidad (como en cualquiera otra dimensión de la vida humana), no es simplemente el producto de la vida social, sino que es una realidad inscrita en el ser mismo del hombre.

Permisivismo total

El concepto más famoso de Kinsey, el cual está siendo utilizado más ampliamente, es el de los “desahogos sexuales”. Según Kinsey existen seis tipos de éstos con respecto al hombre: la masturbación, las emisiones nocturnas, las caricias heterosexuales, las relaciones heterosexuales, las relaciones homosexuales y las relaciones con los animales de otras especies3.

También según Kinsey, todos los “desahogos sexuales” son igualmente “aceptables” y “normales”. Kinsey opinaba que el concepto de la bisexualidad es el más “balanceado” de todas las orientaciones, puesto que incluye tanto las actividades heterosexuales como las homosexuales.

En las propias palabras de Kinsey: “Hablando en términos biológicos, no existe en mi opinión ninguna relación sexual que yo considere anormal”4. El problema según él, es que la sociedad está condicionada a través de normas tradicionales, para creer que la actividad heterosexual en el matrimonio es la única correcta y sana de las expresiones sexuales. Kinsey opinaba que todas las relaciones o formas de expresarse sexualmente son sanas, y que si una de ellas fuera anormal o inferior a las otras, ésta sería la relación sexual entre personas de distintos sexos5.

Obviamente Kinsey rechazaba la verdad de que la sexualidad tiene una doble finalidad: la expresión del amor conyugal entre un hombre y una mujer, así como la transmisión de la vida. Al separar la sexualidad de estos valores, terminó reduciéndola a una mera interacción física para obtener placer o para “desahogar tensión”. Esta empobrecida visión de la sexualidad termina empobreciendo y despersonalizando al propio ser humano, cuya felicidad radica en el amor, el cual, en el caso del matrimonio, es capaz de darse a sí mismo engendrando nuevas vidas.

Promoción de la pedofilia

De todos los conceptos desarrollados por Kinsey, el más preocupante es el que justifica las relaciones sexuales con niños (pedofilia). Kinsey opinaba que los niños están predispuestos a la actividad sexual desde el momento en que nacen, y que las actividades sexuales entre niños y adultos están incluídas entre los “desahogos sexuales”. Sin embargo, según él, la sociedad las cataloga como “tabú” por haber sido condicionada por las normas, cuando en realidad se trata de un comportamiento sexual “normal” que debe ser practicado. Según Kinsey, si estas relaciones sexuales se llevan a cabo en circunstancias “apropiadas”, es decir, si el adulto genuinamente siente afecto por el niño como lo sentiría un padre u otro pariente, dichas relaciones podrían ser una experiencia “sana” para el niño. Los resultados son desfavorables, según Kinsey, sólo cuando las autoridades públicas o los padres le han hecho creer al niño que este comportamiento es inmoral o incorrecto6.

Kinsey, sus colegas y los que han sido influenciados por su ideología sexual, caen en el error de pensar que las normas morales sobre la sexualidad son imposiciones arbitrarias que sólo logran frustrar la “libre” expresión de la inclinación sexual. Pero los mandamientos de Dios con respecto a la sexualidad, como todos los demás mandamientos, existen precisamente para ordenar el ejercicio de este maravilloso don de Dios hacia el verdadero bien de la persona humana. La recta razón y la experiencia han demostrado que las relaciones sexuales fuera del matrimonio, indisoluble y abierto a la vida, entre un hombre y una mujer, sólo llevan a la frustración y a un sin número de problemas tales como las enfermedades de transmisión sexual, los embarazos fuera del matrimonio, los matrimonios y las familias destruídas, los niños traumatizados y a lo peor de todo: a la separación de Dios, si es que no hay un sincero arrepentimiento.

Por otro lado, la ideología de Kinsey olvida la más elemental psicología, al no caer en la cuenta de que el niño y el adolescente necesitan madurar afectivamente antes de estar listos para después entregarse a sí mismos total, responsable y amorosamente en el matrimonio.

Las investigaciones de Kinsey sobre la sexualidad humana fueron manipuladas para que los resultados pudieran reafirmar su ideología, aunque no tenían una verdadera base científica.

¿Qué le motivó a actuar así? Según Paul Robinson, uno de sus biógrafos, Kinsey se dedicó en su trabajo, a “socavar las normas tradicionales de la sexualidad”7. Quizás el motivo por el cual Kinsey quería cambiar las normas sexuales de la sociedad, era su aversión a los principios judeo-cristianos en los cuales ésta se basa. “Kinsey conocía bien la tradición judeo-cristiana y estaba indignado por lo que ésta le había hecho a nuestra cultura”, dijo Pomeroy (8). Kinsey tenía su propio plan de acción inmoral y esperaba utilizar sus “investigaciones” como la base “científica” para “cambiar los valores morales tradicionales de la sociedad”9.

Las investigaciones de Kinsey consistieron de dos partes principales: 1- usó datos de las “historias sexuales” de cerca de 18,000 personas y 2- dirigió experimentos sexuales en varios cientos de niños de dos meses a casi 15 años de edad.

La información que se obtuvo no sólo fue manipulada, sino que los entrevistados, en el caso del primer tipo de “investigación”, no representaban a la sociedad porque fueron deliberadamente escogidos (algunos se brindaron), precisamente por ser depravados. Aunque Kinsey decía que quería documentar y mostrar lo que la sociedad estaba haciendo con respecto a la sexualidad, sólo se concentró en un segmento de ésta: los depravados. Un gran número de los “entrevistados” eran criminales culpables de agresiones sexuales, pedófilos (que abusaban sexualmente de los niños) y exibicionistas. Alrededor del 25% de ellos eran ex-reclusos o presidiarios, la mayoría de los cuales se inclinaban hacia los actos sexuales ilícitos. Kinsey y sus investigadores observaron y tomaron notas sobre varios “experimentos” filmados, que mostraban diferentes tipos de comportamientos sexuales aberrantes, especialmente de actos sexuales entre hombres homosexuales10.

Las investigaciones llevadas a cabo con varios cientos de niños consistieron en actos sexuales perpetrados por un grupo de nueve personas. Algunas de ellas fueron “entrenadas”. El Informe Kinsey sobre los Hombres, afirma que los niños reaccionaron a las manipulaciones sexuales por parte de los nueve adultos de diversas maneras: se retorcían, gritaban horriblemente, tenían violentas convulsiones, grandes temblores y/o experimentaban horribles dolores11. Todo esto se llevó a cabo supuestamente para “demostrar” que los niños son seres sexuales que pueden “disfrutar” del placer sexual igual que cualquier adulto, y que podrían beneficiarse de las relaciones sexuales.

No existe documentación alguna sobre quiénes eran los niños o de dónde provinieron. Sin embargo, a pesar de que los experimentos eran fradulentos y carecían de verdadera validez científica, los conceptos de Kinsey hicieron su aparición después en los cursos de “educación” sexual.

Anuncios

Comentarios

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s