PARA TODO AQUEL QUE AÚN NO SE HAYA ENTERADO:NOS TOCA MOVER EL CULO AL POPULACHO

El contacto con la muerte es algo olvidado en la sociedad en que vivimos, una sociedad que esconde la existencia de la muerte porque le interesa hacernos creer a todos que somos inmortales y que cuanto más acumulemos más nos vamos a llevar después. Al final todos nos vamos a dar cuenta de que las cosas no son, ni mucho menos, así. En enero de mil novecientos ochenta y nueve es la primera vez que veo el cadáver de una niña. Y no veo el cadáver de una niña porque lo único que veo es un trozo de pierna con un pie que ha aparecido abandonado en la Calle Alcácer de Valencia el día veintisiete de enero de mil novecientos ochenta y nueve, la misma fecha en que aparecerían después los cadáveres de Miriam. Toñi y Desirée.  La respuesta de a quién pertenecía este pie se descubriría el veintisiete de mayo cuando, en el interior de una tubería de conducción de agua en Valencia, se encuentra el cadáver de una niña de quince años a la que le falta un pie con una pierna, se le ha amputado también la mano derecha y a la que con una motosierra le han desfigurado completamente el rostro. También le produjeron diversos cortes ante y post mortem por todo el cuerpo. Pilar Ruiz Barriga era una de las tres personas que habían desaparecido en enero de mil novecientos ochenta y nueve. Este es el Caso Macastre. Uno se empieza a dar cuenta de que existe una corriente, que determinados médicos psiquiatras británicos estaban practicando y se exporta a España, donde se captan ciertos grupos de personas de cierto poder para poderles chantajear utilizando menores en orgías que terminaban en actos de sadismo a cada cual más cruel y más brutal. Esto que puede parecer una película de auténtica ciencia ficción, desgraciadamente hay innumerables procedimientos judiciales que muestran su existencia en este país. Porque evidentemente, cuando han querido las fuerzas de seguridad de nuestro país, tanto policía nacional como guardia civil, consiguen desmantelar aquello que se plantean hacer. Otra cosa es cuando se trata de las altas esferas pues éstos, los coartan y terminan castrando el trabajo que perfectamente podrían realizar las fuerzas de “seguridad”. Cuando el crimen de Macastre fue la primera vez que me senté al lado de una madre y me preguntó:

-Juan Ignacio cuénteme de verdad ¿Qué es lo que le han hecho a mi hija?

 

Vamos a pensar qué es lo que ha sentido esta persona cuanto le han realizado todos estos actos. Es inimaginable. Contarle a una madre que ha ido un coche, normalmente una furgoneta con una puerta lateral, que se ha detenido donde estaba su hija y dentro la han metido. Se la han llevado. Y ha sido sometida a una serie de abusos que ni en la peor película de terror uno se puede imaginar. Que ha estado encerrada en un agujero en el exterior donde no cabían ni dos bombonas de butano durante siete días. Donde cada vez que la sacaban era para ser sometida. A mí me da pánico la soledad que se debe sentir cuando a uno le están haciendo daño. Y cuando sabes que el final de ese daño es, irreversiblemente, la muerte. Contarle todo esto he tenido la “desgracia” de hacerlo con muchas madres. Uno se imagina: No querrán saber.

Pero son personas que necesitan saber hasta el más mínimo detalle del sufrimiento que ha tenido su hijo. ¿Qué respuesta hemos dado la sociedad a este tipo de temas? Ninguna. Absolutamente ninguna. Se han utilizado, durante los últimos años, los cadáveres únicamente para subir audiencia en los medios de comunicación. La sociedad no termina de ser consciente de la realidad que es algo que, normalmente, resulta difícil de entender pero que yo como sé con absoluta seguridad que existen… Hay grupos de personas que se reúnen de una forma periódica en nuestro país (y en el resto) en lugares que, evidentemente se van cambiando. Personas que todas ellas tienen un elevado poder adquisitivo y una parte muy importante de ellos un importante poder político. Y se organizan ”reuniones” en las cuales, menores, unas veces traídas desde Rumanía otras veces traídas desde Brasil, que son los dos puntos de captación, son violadas, torturadas y asesinadas. Yo consigo, de alguna manera, encadenar una serie de entrevistas en el Ministerio del Interior para facilitar al ministro documentación que me ha llegado en mi investigación. Este hecho se produce el catorce de diciembre de mil novecientos noventa y siete donde el entonces ministro del Interior y también de Justica, Mayor Oreja, me recibe y le facilito la información que yo tengo. Él se compromete, que en este tema, vamos a llegar hasta las últimas consecuencias. Las distintas entrevistas que yo sostengo con diferentes mandos policiales no llegan nunca a buen puerto. Finalmente cuando puedo recurrir al último eslabón de este ministerio, que era el general jefe de investigación de la guardia civil, el general Muñoz. Es decir, el más alto mando en labores investigativas, el cual nos recibe llevándole veintisiete preguntas por escrito para que fuera más fácil dar solución al problema. Me dijo:

-Yo a usted le doy mi palabra de general de que en plazo de siete días va a tener una contestación por escrito a todas las preguntas que me ha hecho. Y le digo una cosa más: Si hay que cortar cabezas, cortaré cabezas.

Pasaron siete días, ocho días, nueve días, diez días…Dos semanas. Y entonces llamé. Me dijo el general Muñoz:

-Acabo de llegar de Inglaterra que he estado en un simposium, usted no se preocupe que en esta semana yo le mando la respuesta.

Pasó esa semana, pasó otra semana y, desde entonces, estamos hablando de mil novecientos noventa y siete, nunca más me han vuelto a coger el teléfono ni en el Ministerio del Interior ni en la Dirección General de la guardia civil. Lo que sí han hecho entre medias es, sentarme treinta y seis veces en el banquillo de los acusados, defenestrarme en todos los medios de comunicación social y olvidar de ejercer la profesión que a mí me gustaba que era la de periodista. Me duele muchísimo que al 99% de la gente todo esto le dé igual. ¿Cuántos desaparecidos hay hoy en España? Es algo que no sabe nadie. Según el Ministerio del Interior desde el uno de enero de dos mil diez a once de enero de dos mil trece, tres años, se produjeron veintinueve mil setecientas seis denuncias de las que un 92% quedaron resueltas. Del otro 8% no se sabe nada. Esas dos mil cuatrocientas veintisiete personas que oficialmente desaparecieron en España: sesenta y siete cada mes, dos al día pues, simplemente han dejado de existir. Si a eso añadimos que al 92% que dice el Ministerio que han resuelto no sabemos cuántas víctimas han sido halladas vivas, cuántas muertas y cuántas halladas por los miembros que componen las fuerzas de seguridad del estado o a ciudadanos implicados o a pura casualidad, nos damos cuenta que es algo que no nos parece preocupar. Desaparecer en este país es algo que da absolutamente igual. Y estamos hablando de cifras oficiales. Es un drama para dos mil quinientas familias a las que les han destrozado la vida para siempre. Que van a vivir en esa vana esperanza cuando saben que las posibilidades de encontrar viva a esa persona son prácticamente imposibles. Recuerdo a una madre de una niña asesinada que me pedía por favor que la matara. He estado sentado en un sofá al lado de un niño de once años, hermano de una víctima preguntándome:

-Juan Ignacio: ¿Es normal que a tu hermana la violen y la maten?

En todas esas familias han muerto las celebraciones para siempre. Ya lo único que hay es llorar todo el día. Si a esto añadimos el que oficialmente la Dirección General de la policía reconoce que hay más de treinta mil mujeres ejerciendo lo que ellos consideran, “ilegalmente”, la prostitución. Estamos hablando de menores o personas que no tienen regulada su residencia. Todo lo relacionado con la prostitución a la gente le importa un bledo. El que se desmantelara un tugurio en el que se “descubriera” la existencia de una serie de menores que habían estado secuestradas durante cierto tiempo no daban ni para dos líneas en el periódico. Porque vivimos en una sociedad donde nos da casi todo lo mismo. Bastante tenemos con intentar medio sobrevivir cada día, estar psicológicamente lo más estables posible, como para intentar comprender lo que le puede ocurrir o le sucede a los demás. Vivimos en una sociedad donde se sabe mucho más de la vida de los asesinos que de las víctimas. Porque las víctimas no importan. Una sociedad tan desnaturalizada como la nuestra donde las víctimas dan exactamente igual, no sé quién va a importar. Una sociedad que permanece impertérrita esperando cómo desaparecen familiares suyos y tienen que unirse a una asociación para ir a buscarlos. Se buscan las que se denominan “desapariciones de riesgo”. Es absolutamente impensable que el año dos mil quince no nos importe que haya mujeres secuestradas en nuestro país y obligadas a ejercer la prostitución. El gran olvidado en el proceso penal español es la víctima. Y eso es una crítica que llevan haciendo los juristas desde hace doscientos años. Parece que estamos en el siglo XIX cuando hablamos de trata de blancas cuando cualquier persona lo oye. Nadie podía imaginarse que en el dos mil quince estaríamos hablando de trata de blancas, pero sigue existiendo con un problema añadido pues hay grupos organizados de pederastas que se pasan a los niños que adoptan legalmente porque hay grupos de pederastas que son propietarios de agencias de adopción. Que es la mejor manera de proveerse de ese material. Es lo más aberrante que se puede hacer en el mundo. Yo he visto cadáveres que le han arrancado las orejas, la nariz, los labios, la lengua… ¡En vivo! Todos los policías saben en qué prostíbulos hay menores y hoy en día, hoy, aquí en España, debes tener como mínimo a mil quinientas menores secuestradas, obligándolas a ejercer la prostitución. Y si tienen la desgracia de caer en gracia de alguna de las personas que provee de víctimas a este tipo de grupos, donde el placer sádico es el imperante… Y eso sucede hoy y nos da igual. Y eso lo saben los miembros de las fuerzas y seguridad del estado. Si tuviéramos el más mínimo grado de dignidad es para coger a todas las fuerzas de seguridad del estado y a todos los militares si hace falta y levantar uno por uno todos los prostíbulos de España esta misma tarde. Y sacar a todas las niñas secuestradas. Pero eso no se hace y ahí están. Y si eres una persona concienciada en el tema lo único que puedes hacer es intentar explicarle a las personas de tu entorno, acercarles un poco a la realidad, y la mitad no se enteran de nada, no quieren enterarse y te dan respuestas que te dan ganas de pegarles y agredirles físicamente por esa justificación machista que tiene la prostitución en este país. Me siento como si estuviese atravesando un desierto, clamando y diciendo: ¡Pero oiga que hay niñas secuestradas ahí al lado! Por favor libérenlas.

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